Persuasión educativa

Buenos propósitos y malas técnicas

¿Quieres conseguir que tu hijo se responsabilice de hacer los deberes? ¿Te has propuesto que vuestra relación sea más fluida y sin obstáculos?  Después de una Navidad familiarmente íntima y en la que la mayoría de niños han tenido regalos, esperamos que su comportamiento mejore como forma de recompensar su suerte. También creemos que los persuadimos por señalar que las recompensas que reciben es por buen comportamiento, lo que implica que tendrán que cumplir con sus tareas escolares (sin rechistar).

Por muy importantes que hayan sido sus regalos, no es suficiente incentivo como para trasladarlo a sus responsabilidades. Solemos creer que premiar a un niño por su esfuerzo hará que le ponga aún más ahínco. Utilizamos la persuasión de adelantarle lo que conseguirá, prometiendo esto o aquello que tanto desean. Es inútil.

Las investigaciones sobre la psicología de la persuasión han observado que si pones a tus hijos una actividad con la que disfrutan y los recompensas por hacerlo, la recompensa reduce la diversión y los desmotiva. En pocos segundos, conviertes el juego en trabajo. Cabría esperar que en una tarea que no les gusta o les da pereza, prometer un regalo o incentivo de su agrado funcionaría, pero no. Además si las recompensas son excesivas tienen un efecto perjudicial en su actitud.

Las buenas intenciones nos arrastran a cometer errores en la educación de la infancia y en la relación con otros, alejándonos de nuestros objetivos.

Está claro que no funciona motivar con la promesa de una recompensa. Entonces, ¿qué clase de incentivo funciona mejor? Si queremos animar a alguien a hacer algo, hay que intentar ofrecerle una recompensa ocasional en forma de pequeña sorpresa después de terminar la actividad, o bien alabar los frutos de su labor. Si es algo que no le gusta, ofrecer una recompensa realista, pero no excesiva, es eficaz al principio, seguida de algunos comentarios alentadores que lo animen a seguir realizando la actividad, “¡Esto es un trabajo hecho con responsabilidad! Para un niño es todo un logro”.

Persuadir con la promesa de una recompensa o premiar antes de un logro, disminuye la respuesta positiva a una tarea.

Sin embargo, existen alternativas para persuadir a tu hijo de forma instantánea sin necesidad de alabarlo, ofrecerle una recompensa modesta o hacerle comentarios cursis (funcionan a corto plazo y debilitan la autonomía). Si se buscan técnicas rápidas y eficaces para emplear en  la educación de los hijos o para relacionarte con los demás, según el psicomago Richard Wiseman* “lo importante es meter el pie en la puerta, comprender el pensamiento en grupo y averiguar por qué es mejor dar que recibir”, (del libro “59 segundos”, 2012).

Con ello quiere decir que utilices el efecto Franklin: “Aquel que una vez te haya hecho un favor estará más predispuesto a hacerte otro que aquel que te deba un favor”. En otras palabras, para aumentar las posibilidades de gustarle a alguien, consigue que te haga un favor. La psicología de la reciprocidad afirma que es más probable que te ayuden aquellos que te han ayudado antes. Sirve para niños y adultos y en el ejemplo inicial, hacer los deberes, si persuades antes o después con un pequeño favor, se sentirá más atraído a complacerte con lo que le toca.

Pedir un favor hace que te sientan más simpático o confiable y se sentirán más persuadidos a ofrecerte más ayuda. Cómo lo apliques con tus hijos depende de ti y tu estilo, pero recuerda pedirle un favor de tanto en tanto para aumentar su receptividad.

Me gusta observar a los niños en el parque. Un día, un grupo de 5 niños subían y bajaban del columpio y uno calló aparatosamente.  Todos salvo uno tuvo la intención de atenderlo pero se miraron y no hicieron nada. El otro fue en busca de su madre. Un hecho curioso pues hubiera asegurado que alguno se acercaría al niños accidentado. Cerca de la hora de comer casi no quedaban niños. En los columpios habían un niño y otro se acercó al otro columpio y al subirse resbaló y calló tendido en el suelo. Inmediatamente el otro niño bajó del columpio y lo auxilió sin mirar y sin pensar. 

Parece que es un hecho habitual que en circunstancias difíciles, un grupo de adultos  no ayudan (son los modelos de la infancia). Es debido al efecto de circunstantes: estar rodeado de desconocidos en un momento de necesidad no es garantía de recibir ayuda. Esto es debido a no querer destacar y observar el comportamiento de otras personas nos relaja de la urgencia y nos permiten tomar una decisión rápida sin responsabilizarnos. Cuando sólo hay una persona es más probable que el testigo intente descubrir si existe un problema y, en caso necesario, ofrezca ayuda.

Tus hijos estarán en disposición de ayudar si lo solicitas individualmente.

Técnicas de Persuasión de Richard Wiseman ("59 segundos", 2012)

Estas técnicas de persuasión provienen de diferentes estudios que coinciden en los resultados. Aunque contradicen muchos supuestos con los que funcionamos, vale la pena tener en cuenta que las recompensas no motivan, pedir favores te aproxima al otro que tenderá a ayudarte y mejor si estáis solos.

Existen más técnicas innovadoras de persuasión pero las madres y padres prefieren motivar que persuadir. Bajo las premisas de Richard Wiseman trato el tema de la motivación en el blog PsicoEmocions. El lado oscuro de la visualización y cómo lograr cualquier cosa con el plan perfecto, métodos contra la procrastinación y el uso del pensamiento doble.

Las fórmulas en educación no existen, pero actualmente contamos con estudios y técnicas comprobadas que podemos comprender y poner en práctica en función de cada persona. Los procedimientos que se describen en el artículo de PsicoEmocions son aplicables a cualquier objetivo en educación, trabajo, rutinas, metas personales, etc. Requieren un trabajo con beneficios que se generalizan en todas las áreas de la vida.

Si te interesa saber más sobre la motivación sigue leyendo….. Motivación según R. Wiseman

KARME, psicóloga y exploradora de la vida y las personas.
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